Gracias a los japoneses…

Porque los japoneses estan como malitos de la cabeza, ¿me entienden? No sólo es esa referencia cultural llamada Hentai, la cual, bueno, si somos de la generación del 80, la conocemos como un ícono, como un estilo de pornografía, como algo para maravillarse y entretenerse… y es qué… ¿dibujitos porno? ¿monigotas de ojos enormes, los cuales nunca parpadean, gimiendo y sudando acuarelas? Yo creo que la generación noventas ya la ve como parte del tráfico y consumo de sexo, ya lo justifican dentro de una historia, ya ven el dibujo no solamente como un consumo infantil, sino general. En Japón es una industria grandísima y de hecho, muchos dibujantes y escritores de manga, empiezan trabajando en editoriales de este tipo de contenido en lo que Shonen Jump les hace el favor.

Pero no era del Hentai de lo que quería hablar, sino de… los otros videos, los videos donde salen personas de a de veras. Ayer, navegando por la red, encontramos una serie de videos variaditos: Me acuerdo en particular de uno extrañisimo, de una japonesa encima de una mesa de vidrio y en la mesa, había una especie de aceite. Algo cubría su vagina, un parche que no permitía ver sus genitales (porque en Japón, esta prohibido mostrar explícitamente los genitales en cualquier tipo de video o impreso), y la chava esta empezó a mover su pubis contra la mesa de vidrio y se veía como el aceite le marcaba los muslos y las ingles. Muy extraño. Hubo otro video, una especie de trailer de un DVD especial que van a sacar, donde son 500 parejas cogiendo, todos en un cuarto, y estaba de alguna manera coreografiado, porque iban en orden: masaje de senos, felaciones y después, la pura cogedera. Yo me imagino la situación y no sé que pasaría, un cuarto con mil personas destilando hormonas, sería mucho peor que el metro. Otro video donde a una mujer se le aparece una serpiente y la serpiente le rodea las piernas, la cadera, el cuello y luego se le mete a la boca, todo esto era como parte de un sueño, porque después cambiaba la escena a esta mujer durmiendo y haciendo expresiones de molestia / ganas. Había una serie de videos, donde tipos buscaban a japonesas dormidas para bajarles o abrirles la blusa y mostrar sus senos, o bien, los atacadores furtivos que corren por Japón, bajándole los calzones a las minifaldosas, o aquellos que molestan a mujeres en el tren, tocándolas. Pero el video que se llevó la noche, fueron una serie de videos donde unos asaltantes llegaron a un banco, metieron a los hombres en la bóveda y violaron a las cajeras, evidentemente todo actuado.

Son cosas muy raras las que pasan en ese mundo, me cae. Son asombrosas. Por ejemplo, en el caso de los “atacantes furtivos”, estoy seguro que si lo hicieran en México, la chava de plano le metería una cachetada, lo mordería hasta arrancarle un pedazo de brazo, o bien, le metería una patada en los huevos. Sin embargo, en Japón las mujeres son… pues, no pelean, no echan bronca… todo les puede pasar y Buda les proteja.

Todo esto lo pueden encontrar en El Blog Rarito.

La medición fálica

Una clásica costumbre en el mundo masculino, es la medición fálica. Desde tiempos inmemoriales. Supongo que los cavernícolas hacían sus reglas de madera, o de piedra, quien sabe… reglas especiales para medir su falo contra otros. Todo empezó con lo que los antropólogos creen, inocentemente, que eran “herramientas de piedra”. ¡Vil mentira! Las hachas, y los martillos, y lo que fuera, y como se llamen, en realidad eran falos de piedra y le pertenecían a cada individuo para denotar, de manera precisa, el tamaño de su miembro, o pene, como se dice hoy en día. Claro, que este fuera verdad o mentira, eso no importaba. Lo que de verdad importaba, es que el arma fuera más grande que la del vecino. Entonces se inventó la belleza y se inventó que lo que brillaba era bonito, y también, por supuesto, la utilidad para matar y cortar la carne con esas armas –porque todo es Freudiano–, cortar la carne es penetrar al individuo, sea hombre y mujer, con mi espadota flamígera de la verdad y la justicia. Con mi falo enorme. ¿Ven? Así, de las hachas y los cuchillos rudimentarios, nos movemos a las espadas, como la Masamune, o como la Excalibur. En la historia esta comprobado que el Rey Arturo tenía un mega miembro, es por eso que era el Rey Arturo, rey de toda Inglaterra, y es todavía recordado en nuestros días. Pero antes del Rey Arturo, por supuesto, esta el súper pito llamado: “La lanza del destino”, aquella con la que atravesaron la carne de Cristo. Pero tuvieron que madrearlo, a Cristo digo, tuvieron que meterle una hiper mega madriza antes de meterle el delgado y filoso glande humano, porque Cristo era Dios, (aunque fuera, también, humano en su confusa naturaleza) ¿ven? Y todos sabemos, aún siendo ateos, que el gran Falo Divino de Dios mueve una gran cantidad de humanos a su disposición y criterio.

Pero vamos, antes de continuar con falos divinales y espadas flamigeras de verdades y justicia que son tan ampliamente reconocidas… tenemos los pequeños falos humanos, que no son tan reconocidos o que son el centro de atención de un reducido grupo de gente. Estas virilidades que son, más bien, metáforas de la verga milenaria. Por ejemplo: quien corre más, o quien poseé un mejor vocabulario, quien puede concatenar discursos de gran discresión, humilidad y justa razón. Falos que determinan quien vende más en la empresa, o quien puede decir un trabalenguas sin atorarse, o quien poseé a la mujer más hermosa y de piernas que se extienden, cuyas columnas de marfil. El falo se traduce en el modelo de un coche, en el costo, en los caballos de fuerza con los que puede penetrar las mentes de otro individuo. El falo colectivo, de un equipo de fútbol, o de béisbol, o de una religión, o de un país entero. El objetivo es penetrar al otro individuo, sin importar su nata condición de hombre y mujer… penetrarlo y modificar su percepción, que en modos más vulgares es, pues, que ponga los ojitos en blancos mientras se le taladra algún punto vulnerable y elástico que permita el acceso a sus órganos internos. Y como los cuarenta ojos de vidrio del general, hay un falo para cada ocasión, y para cada escenario, en una fiesta esta el pito ruidoso, en un funeral esta el pene religioso que puede rezar la cantidad de rosarios necesaria sin olvidar uno siquiera, en el mundo del modelaje esta la adornada verga con joyas y ropa de marca, y pupilentes azules, para causar una buena impresión y así, indefinidamente.

Y entre todos esos rosaditos y fulgurantes miembros de reproducción masculina, se encuentran los más gráciles y hermosos de todos ellos. Los que miden su falo a través de la ambigüedad o de esconderlo, propiamente, en sus jeans y sus calzones. Se les llama los invisibles y por todos los métodos que existen, demuestran su elongación, su largo y su espesor, a través de un silencio impenetrable. Son el falo de acero, de adamantium, de mitrilo… que, esperando a que los demás terminen su grito y la exposición de su miembro en el aparador, se mueven discretamente detrás del portador, se acomodan pertinentemente entre los suaves o duros gluteos, y, viéndose triunfantes, solamente le sugieren al otro que aguante la respiración y después se empuja a todo lo que da.