L

También soñé con L. Imprecaba que hubiéramos cogido tan mal la última vez. Traté de hacer memoria. ¿Hablaba en el mundo del sueño o hablaba del mundo real? Miré bien la cara de L. ¿Existía? Entonces me empujó contra un sillón, bajó mi cierre, la sacó y se la acomodó. Ella parecía feliz montándome mientras yo pensaba que querría decir este sueño, así como me he preguntado de los muchos otros sueños que he tenido. Quizás es porque disfruto a mi narrador sucio y necesito llenarlo de encuentros. Darle algo de qué hablar. Más que un semental, un peregrino de accidentes fortuitos y sensuales. L me miraba a los ojos. Le puse una mano en el cuello para ahorcarla. Me gusta ahorcar (poco, tampoco quiero matar) mientras cojo, he agarrado ese raro gusto. Le recordé que yo me había cogido su boca, que yo fui el primero en cogerme su culo, le recordé un montón de cosas más en el paraíso del sueño. Quizás mañana despierte, con la verga erecta y el sudor en la espalda, y me dé cuenta que nada de esto es cierto.

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