Kinky

Hay una chica que me roba la atención mientras escribo esto. Uno de nuestros juegos consiste en desearnos el uno al otro e inventamos diversas maneras de hacerlo… En esta ocasión yo le prometí que no me la cogería hasta que terminara de escribir esto. Le vendé los ojos, le amarré las manos, tengo un fetiche por ese tipo de cosas, pensé que amarrarle las manos sería bueno, que no le permitiría distraerme en lo que yo escribo esto… el tiro me salió por la culata, porque se las amarré por enfrente y mientras ella esta acostada… se toca, y se sonríe, y me pregunta cosas… es bueno no tener que mirar el monitor mientras escribo… así puedo prestarle atencion. omo no puedo acercarme a ella, hasta que decida ponerle un punto final a esto… tengo una de esas erecciones únicas, que bien hasta le podrían poner nombre en latín, con género y especie.

Ha terminado de tocarse, ahora se chupa los dedos y juega con las piernas. Se ha acostado boca abajo y mueve las nalgas… hoy me confesó que lo que más le gusta es que me la coja por detrás. Que le coja duro por detrás, porque así siente el movimiento de los senos. Lo he notado, cuánto le gusta. Le gusta el sonido del golpeteo, eso siempre le obliga un gemido. Pausa, necesita alguien que le quite los calzones y ella con sus manitas amarrada no puede hacerlo…

Fui a besarle, quise metérsela en la boca pero ella se negó, que porque no había terminado de escribir. Continua jugando con ella misma, continua tocándose, me pregunta cosas… me urge a que me apresure. Ya quiero sentirla de nuevo, ya tengo ganas de escucharla, de morderle el cuello, de apretarle las nalgas y dejárselas rojas. Ahorita le voy a enseñar que tener las manos amarradas no es tan conveniente como ella creía.

-Ya no quiero nada. Te tardaste mucho…

Ni madres, con su permiso, voy por lo que me toca.

Bishubishu

Lo peor que podías hacer en una fiesta, que recuerde en mi etapa de desmadre (universitario [en sistemas]), era coger (chingar, joder, follar, fornicar) con alguna morra… fuera una mamadita, una manuelita o un buen follón. Me acordé, no sé porque motivo… pero me acordé de a un cabrón que le decíamos el Gansito (por la sonrisa y la cara [para los non-mexicanos, es un pastelito con el dibujo de un gansito en la envoltura y en los comerciales decía–: Recuérdame]) y como nos sonreía desde su coche, nos señalaba –traviesamente– con una mano hacia abajo, y un cuate, llamado Sócrates, se asomó por la ventana. Él atestiguó que miró una masa de cabello moviéndose arriba y abajo. La chava quedó marcada y el alcohol, con algo de machismo, como no, nos obligó a reírnos de la situación. Igual le pasó a un cuate llamado Aldo, de ella me acuerdo que tenía buena pierna y unos dientes demasiado grandes. Lo malo es que compartíamos universidad así que, si sucedía algo, eras perseguido, clasificado y etiquetado… mientras que las mujeres nos tildaban de patanes, nosotros las tildábamos de fáciles. En los hombres, existía el lado de los escapistas (la mayoría), aquellos que obtenían lo que querían y desaparecían después del acto, se reincorporaban a la fiesta como si nada, mientras que una mujer les miraba con ojos asesinos y su lengua despedía fuego cuando hablaba con sus amigas… el otro lado, eran los que asumían su responsabilidad hasta que terminara la fiesta. Así que fungían el papel de relación recién adquirida (manitas bien sudadas y besitos con años de precedencia), hasta que estuvieran lo suficientemente sobrios para decirle a ella–: Es que fueron las chelas.

Y pues si mi vida… fueron las chelas.

Así que chamacos, y chamacas, evítense esas situaciones incómodas…